LOGOYACHAY WASI

Kofi Annan

¡ Kutimunaykama! ¡ Hasta mi regreso!

CUSCO - Se comportó como un visitante más que se asombra ante la majestuosidad del pasado y la incertidumbre del porvenir, algo raro tratándose del ciudadano más universal, aquel que habla en nombre de todas las naciones y cuyos ojos están acostumbrados a ver todo tipo de maravillas.

Sin embargo, Kofi Annan, hombre refinado en sus maneras y de rostro casi imperturbable, se fue del Perú cautivado. El eslabón invisible que lo atará a nosotros es Machu Picchu.

Un simpático ardid que supieron tender el presidente Alejandro Toledo y su esposa, Eliane Karp, porque conocen el embrujo que las obras de los incas pueden provocar y porque semanas atrás, en Nueva York, Annan les había confesado que quería seguir los pasos de los incas.

Hasta allí llegaron en cuatro helicópteros autoridades y periodistas para fotografiarse, admirar el paisaje de piedra y vegetación, y rendir una ofrenda a la Pachamama, la Madre Tierra, ceremonia que habían iniciado desde muy temprano los altomisayoq (sacerdotes) y que encontraron en Annan un defensor a ultranza de los derechos aborígenes. Acudir a la región andina supone darse cuenta de lo frágil que es la existencia de muchos pueblos indígenas. Las tierras, las aguas, los idiomas, la salud y las culturas, durante tanto tiempo devastadas por las secuelas de la opresión colonial, siguen estando en grave peligro, aseveró.

Lamentó también la discriminación y la marginación que sufren los niños aborígenes e instó a que prestemos atención a las voces de los pueblos minoritarios, pues esto no solo ayudará a superar los agravios históricos y eliminar las injusticias actuales, esto nos enriquecerá plenamente a todos. Luego la comitiva se puso sombreros con los símbolos de la ONU (aunque Annan cambió el suyo por uno con motivos peruanos) y escapar al mal clima que amenazó con mantener a los visitantes un tiempo más. ¡Kutimunaykama!, se despidió Annan.

Un ¡hasta mi regreso! que sonó a pronta vuelta, pues Kofi, humano al fin, se dejó seducir

El Comercio - 13 Noviembre 2003

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